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Netanyahu, Musk, Bolsonaro y Maria Corina… la liga de superamigos de Trump
Foto: Redes sociales de Donald Trump
“Algo tendrá que hacerse con México”, expresó el presidente Trump poco después de ver en tiempo real el secuestro del presidente Maduro. (La Jornada 4.01.26.) En sus lados, el director de la CIA y el secretario Estado, ambos con un importante papel hecho en esa operación militar, su primera en el hemisferio occidental. No había ni generales ni marinos. La carta usada con anterioridad había sido usar la fuerza militar en una supuesta invasión o bombardeo con drones en el territorio en poder del crimen organizado en México. En esto había aprovechado descaradamente la derecha política para revivir el sentimiento de algunos polkos que conforman una parte de la quinta columna en el país.
También aprovecharía lanzarle una amenaza al presidente colombiano: “sí, debe cuidarse el trasero”, dijo. (Ibídem.) Después ambos hablarían en la Casa Blanca. No sabemos cómo quedó establecida la política antidrogas d parte de Trump con Colombia, pues ambos sostuvieron una pelea verbal; pero con México el camino elegido ha sido el de es una cercana colaboración militar mostrada en el bajío, y cuyo fin sería la muerte del líder narcotraficante. Se descartó el bombardeo desde drones, pero se optó apoyar al vecino con tecnología e inteligencia. Sería el plan B.
Y es que esta amenaza estaba en varias voces de la oligarquía conservadora en Estados Unidos, pero hubo de parecer demasiado arriesgada como para desecharla y optar por la vía de la colaboración conjunta. Y así ocurrió. Hasta el secretario de la Defensa mexicana la aceptó. No es que sea esta la primera vez en que los norteamericanos participan en el territorio, no; la DEA lo hacía, aunque desde el gobierno de Calderón la apertura capacitación y apoyo de Estados Unidos, continúa con ciertos matices. Quizá la diferencia es que anteriormente no se decía con la aparente claridad y normalidad con la que se ha hecho… y aceptado. El caso es que, además de reconocer y lamentar las muertes de militares mexicanos en esa operación, también se “reconoció” la participación del vecino en el apoyo tecnológico, reiterando, además, la colaboración que se mantiene con el Comando Norte de allá.
Así las cosas, habría dos hechos, sin que ambos sean nuevos y que tienen que ver con aquí y con allá: la preeminencia de que la colaboración militar EU-México es alta y forma parte de una seguridad binacional acentuada desde el primer tratado comercial; y que la decisión de matar al narcotraficante y no capturarlo vivo para llevarlo a una prisión norteamericana, como ha sucedido con la mayoría de los narcotraficantes, pudo deberse a una opción interna. Si claro, para todos fue un éxito y los intercambios diplomáticos de facilitaciones y reconocimientos van parejo. Quizá la llegada al país de una comitiva encabezada por la zar antidrogas poco después del aniquilamiento, tuvo que ver con el resultado o, acaso, con el cadáver del narcotraficante. No lo sabemos aún. Lo que sí, es hay un equipo.







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