Variables

Irán e Israel
Foto: Cortesía

Dos guerras en poco tiempo. Como prolegómenos para un mundo que ha oscilado entre la posguerra fría, el posterror y la pospandemia, el mundo se volvió aún más inseguro porque la guerra volvió, como siempre, con la violencia desde la invasión norteamericana a Irak y antes en Afganistán en la zona de influencia rusa, una región altamente volátil como es Eurasia y a la que el ex asesor de seguridad nacional del expresidente James Carter, Zbigniew Brzezinski le atribuyera a esa zona un importante control geoestratégico.

Muy cerca de las fronteras rusas, en efecto; pero también de las chinas. Y es que, si se piensa como gran estrategia, la nación asiática sería el otro objetivo futuro de EU. Acordado o no, Rusia ya ha sido desplazado en Siria, pese a que aún tiene una base militar allí. Pero la guerra contra Irán, China se ve ahora afectada porque su dependencia del petróleo iraní es muy importante para su seguridad nacional. Algo parecido se podría pensar de Venezuela, con la que China ha firmado varios acuerdos, como con otras naciones del hemisferio occidental.

La estrategia norteamericana ya aplicó parte de su “neomonroísmo”, al tomar sin invadir a Venezuela y contener los intereses chinos a través de cambios de regímenes sumisos. Con México, otra nación petrolera, la reforma energética impulsada por la alianza PRI-PAN, aceptada e inducida por Estados Unidos, traspasó el otrora patrimonio nacional petrolero a ingresos privados sin disparar un solo tiro. Tomar Irán implicará una afectación a Rusia, pero principalmente a China, el principal competidor geopolítico del capitalismo estadounidense, porque peligraría su dependencia petrolera.

Por esta razón y otras, China no se quedará cruzada de brazos, observando cómo uno de sus principales socios energéticos, le quitan el petróleo. Si le cerraran esa llave, entonces el motor chino podría disminuir su fuerza. Intentar detener esa ofensiva indirecta contra chinos a través de Irán, los coloca en un serio e inédito predicamento bélico frente a Estados Unidos que no ha ocultado durante muchos años esa “amenaza”, después de que Japón se formaba como potencia comercial en los años ochenta. En suelo gringo la variable política interna refuerza la salida militar temporal con riesgos para un electorado claramente dividido. Esta variable cobra importancia porque esgrime un problema profundo en la fuerte lucha oligárquica, debido a los archivos sexuales, situación parecida previa a los ataques a las torres y a la ofensiva de Israel contra Palestina. Ambos acontecimientos hicieron dejar de lado esos problemas internos, apostando al olvido.

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