Clandestinos

Foto: Cortesía
Ocurrieron dos hechos simultáneamente. El primero en una zona turística un “asesino solitario”, ni a sueldo, ni sicario, ingresa como en su casa a la zona arqueológica, y, sin decir agua va ni adjudicación alguna, mata a algunas personas y desata un pánico, y dejando una secuela de miedo en la sociedad, tal cual pareciera era su propósito, no visto ni en el descarrilamiento del tren maya ni en la explosión de la pipa en una delegación de la capital del país. El otro se trata también de muertos, sólo que de agentes de la CIA “mimetizados” con las policías mexicanas en una presumible operación antinarcotráfico.
En el primer caso llama la atención la falta de un helicóptero de parte de la policía en el momento en que se quería neutralizar al tirador y poder atraparlo vivo. Ya muerto no sabremos nunca ni su “estado psicológico” ni las razones para transformarse en un “asesino solitario”. Ahora su nombre se suma a la lista de los Mario Aburto o los Oswald. En las puertas del mundial futbolero no se necesita ser un doctor en sociología para interpretar este como una afectación a la seguridad mexicana y suma puntos para todas las voces de la derecha derrotada para que el país se vea en el exterior como un “estado fallido”, o que la voz de Trump se oiga: “ven, se los dije, México requiere de ayuda de nosotros contra los narcos”. No sería raro que esto ocurrió al poco tiempo de su regreso de la presidenta Sheinbaum de Barcelona, donde su participación con el bloque de izquierda no fue, ni mucho menos, proTrump.
El caso de los agentes encubiertos muertos en Chihuahua es más complejo y serio. Sorpresa fuera que la CIA no trabajara en el país, pues su chamba data desde hace mucho tiempo y sus actividades han sido vistas como una forma de intervención que tiene la política exterior norteamericana para, entre otras cosas, desestabilizar gobiernos. Ejemplos de los fines hay muchos: Irán, Guatemala, Ucrania, Venezuela… “Cambio de régimen” le llaman ahora. Pero los medios también siguen siendo muy parecidos: si no pregúntenle a Kadafi, Hussein, Allende, y los muchos intentos antes y ahora contra Irán. Bueno, ni Rusia se ha salvado.
Que agentes de una agencia de espionaje hayan entrado sin avisar al gobierno, una violación a la soberanía nacional. Esto parece ser la pauta de lo que hasta hoy se ha hecho público y, además, el gobierno mexicano ha afirmado no haber tenido conocimiento de esa presencia. También se puede asentir que las actividades clandestinas forman parte de los acuerdos hechos con Estados Unidos en asuntos de seguridad, algo que desde hace muchos años tiene vigencia en el marco de la “cooperación bilateral”, pero no necesariamente es así, porque la ley de seguridad nacional mexicana lo prohíbe. El periódico Angeles Times ha comunicado, incluso, que son tres las incursiones hechas al territorio mexicano. La petición del panismo chihuahuense para que la CIA ingresara sin consultar al gobierno central y como miembro de la Federación, pareciera no estar sola, ya que implicaría igualmente a los Estados Unidos, y a su embajada en México, sobre todo porque su titular sirvió para Langley y sabe mucho de estas cosas.







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