Árbitro

Maru Campos
Cortesía: Noroeste
Lo que muchos consideran fue una transa, la ayuda que recibió el equipo de futbol París Saint Germain contra el Bayern München y que a la postre le benefició para coronarse bicampeón de esa elitista liga, algo parecido ocurre con la oposición en México, ya que juega con ayuda de un árbitro externo desde Estados Unidos y con una de sus agencias de espionaje adentro. La principal nota era el caso Chihuahua, los agentes de encubiertos de la CIA en suelo mexicano sin autorización, pero de pronto, el guion fue totalmente cambiado para que el foco de atención fuer el caso Sinaloa, el gobernador presuntamente vinculado con el narcotráfico.
Entrevistada la gobernadora de Chihuahua, nerviosa, preocupada, y como si no creyera lo que estaba pasando, dijo varias cosas no muy lógicas y sí cuestionables. Su largo cabello mostraba en la parte superior el color negro original. El resto era amarillo. El tinte en esa parte se veía ya desgastado, y si se dejara, poco a poco el color negro volverá haciendo desaparecer al amarillo. Sus expresiones se desvanecían adquiriendo tonos claros y oscuros claros, descubriendo contradicciones; una sección deslucida de un discurso al parecer insalvable. Sólo le queda seguir con el cobijo de una derecha evidenciada y decidida echar toda la carne al asador, en un asunto que se volvió de vida o muerte para la gobernadora, para el PAN y para el árbitro parcial que opera desde la embajada gringa.
La cuestión Chihuahua ha puesto al descubierto las operaciones encubiertas de la CIA, pero también la forma de cambiar el argumento y apoyar a partidos de oposición afines al interés del vecino, algo hecho no sólo por la Agencia. Eran los noventas y desde entonces los dólares fluían para apoyar a la democracia mexicana. La Fundación Democracia (National Endowment for Democracy) donaría 420 mil dólares “a grupos cívicos mexicanos para promover la democracia y los derechos humanos”, apoyando en ese momento al movimiento de Luis Nava Calvillo (95 mil dólares), y otros 45 mi para la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos humanos, para “trabajo de defensa legal” (Dolia Estévez, El Financiero, septiembre 23 de 1993, p. 1) Tampoco nuevo como para no aceptar la defensa de la soberanía. “Defensa de la soberanía con la propia vida”, expresó Carlos Salinas en el momento de intentar defender el TLC (La Jornada, septiembre 9 de 1989. P. 1). Después de decir que sería grave y no extraño que gobernadores tuvieran un sueldo de la CIA, el corresponsal de la revista Proceso añadió que “nunca sabremos lo que hacían esos agentes en México”. Lo que si sabemos es que la gobernadora se pinta el pelo.







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