Niños en el florero
I. Cuando quité las flores marchitas descubrí que en la piscina del florero danzaba un montoncito de cortatripas. En vez de vaciar el agua, le di paso a mi vengativa idea: cogí una bolsa de plástico y la até a la boca del florero de tal suerte que, al nacer los zancudos, tuvieran espacio para volar, y darse cuenta que estaban atrapados, sin salida posible. Nacieron como veinte, muy llenos de energía y esperanzas. Pero el calor y la falta de alimento los fue minando. Su vuelo se hizo más débil hasta que terminaron por estirar la pata sin haber […]











