El campo sin PROCAMPO
Aprendí lo que decía mi abuelo de las milpas, que ellas tienen alma y tienen su espíritu. Que son como las personas, sienten, hablan, ríen y cantan con el viento, además lloran cuando las abandonamos y cuando les falta agua para sus elotitos. En la cocina aprendí también que el chocolate se prepara con el ánimo fresco y el corazón unido











