El calalá
Dicen que un diablo se enamoró de una bella surimba, en esos tiempos en donde convivían en el pueblo, brujos y ángeles, sacerdotes y mitoteros, dioses y satanases. Eso dicen.
Dicen que un diablo se enamoró de una bella surimba, en esos tiempos en donde convivían en el pueblo, brujos y ángeles, sacerdotes y mitoteros, dioses y satanases. Eso dicen.
Fernando Castellanos Cal y Mayor, quien apareció con el acto de prestidigitación del Tribunal Electoral del Estado como el quinto candidato a la gubernatura de Chiapas, ha mutado en un vehemente seguidor de Andrés Manuel López Obrador.
El posdebate de candidatos a gobernador, que es el verdadero acumulador de preferencias, se esfumó en Chiapas. En su lugar apareció una campaña de desprestigio en contra del árbitro electoral.
Ahí viene el maestro Tom Wolfe (¡vruum! ¡vruum!) “en su Embellecido Cochecito Aerodinámico” (¡rahghh!), fluorescente (¡thphhhh!), toma la curva (¡brummmmmmmmmm), se despide (ratatatata).
Fue un debate de las evasivas. Los candidatos evadieron los asuntos espinosos.
Hace 12 años, Andrés Manuel López Obrador se interpuso en el camino a la gubernatura de José Antonio Aguilar Bodegas cuando ordenó que Juan Sabines Guerrero se convirtiera en candidato a gobernador por el PRD, PT y Convergencia.
Iniciada apenas la campaña al gobierno del estado, Rutilio Escandón Cadenas se siente ganador absoluto. No quiere que nada lo perturbe. Se pasa las horas contemplando encuestas, soñando en lo que será su administración, en la modorra absoluta.
Si los debates presidenciales no determinan una elección, mucho menos lo harán los debates a la gubernatura local, donde el interés es más reducido y la cobertura mediática, más limitada.
Un raro silencio recorre a los partidos políticos en Chiapas, a excepción del Partido del Trabajo, ante la entrega incompleta de financiamiento público, lo que podría ocasionar la nulidad de las elecciones locales de este año.