2017, el año del pesimismo para Chiapas

Lo único bueno para 2017 es que nadie espera algo bueno para el desarrollo económico y social de Chiapas. El pesimismo es la marca registrada para este año turbulento, y es que, como dijera Sabina, sobran los motivos para inclinarse por la angustia.

Si para México será un año complicado, para Chiapas será todavía más difícil, con una economía altamente dependiente del presupuesto federal y con problemas de pobreza, corrupción, analfabetismo y alto crecimiento poblacional, sin solución posible a corto plazo.

Aunque el presupuesto es 0.86 más que el de 2016, esa cantidad no contribuye a una mejor situación económica y social, por los altos costos que se destinan a la inoperancia y parafernalia de los políticos, y por los desvíos a los bolsillos particulares del erario estatal.

En Chiapas, no hay presupuesto que permita transformar el paisaje de pobreza en el que nos hacinamos, con tres cuartas partes de los habitantes en esta situación, ante una diluida clase media que apenas alcanza el 14 por ciento.

Nuestra entidad ha recibido en los últimos 20 años cantidades extraordinarias que superan en mucho, según el economista Jorge López Arévalo, a lo invertido en el Plan Marshall, el cual permitió sacar de los escombros a los países europeos que participaron en la Segunda Guerra Mundial, pero eso aquí no ha tenido ninguna incidencia, a no ser la fabricación de un número de ciudadanos cada vez más pobres, y una clase política sumamente enriquecida.

El crecimiento demográfico es un problema del que hablamos poco, pero que en sí mismo, complica el desarrollo. Este año seremos cinco millones 382 mil habitantes.

En 2017, de acuerdo a Conapo, se sumarán 83 mil 122 chiapanecos más, quienes requerirán de cobijo, alimentación, salud y educación, con una tasa de crecimiento natural de 1.57, mientras que ha nivel nacional será de 1.26.

¿Qué hace una población en una situación como esa? Emigrar. Hoy, casi 50 mil chiapanecos viven en el extranjero.

Este año, un número mayor de chiapanecos alcanzará los 72 años, y esa población requerirá de atención médica. La población indígena seguirá creciendo a ritmo acelerado y será de un millón 531 mil habitantes.

La obesidad de la burocracia obligará al gobierno municipal, estatal y federal a despedir en Chiapas a alrededor de siete mil empleados, lo que desatará la furia de las personas perjudicadas —y con justa razón— y elevará los laudos laborales, que ya carcomen de forma grave al erario con unos cinco mil millones de pesos en promedio.

No hay motivos para ser optimista en el quehacer de la política chiapaneca, con actores que ya conocemos, y que no tienen límites, ni mucho menos saben ni practican una ética de la responsabilidad. Los excesos seguirán siendo el pan cotidiano, motivo de memes y de distracción pública, pero harían muy bien en que alguien encontrara la sensatez.

Ante una democracia interrumpida y en retroceso como la nuestra, hay algo que sí es una garantía: es que no faltará motivos de emoción, de preocupación, de escándalo y de protagonismo en esta tierra nuestra, de este sur profundo, en el que nos ha tocado vivir.

¡Bienvenido este 2017!

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