Los húngaros, gitanos del pueblo
Recordé a los húngaros de La Concordia, a los trashumantes que aún vieron estos ojos, durante los sesenta y hasta el año 72. Sus manteados raídos como carpas de circo, sus fogarones y grandes peroles de estaño, sus enormes raciones de cerdo, sus niñas hermosas (rubias, cejas gruesas y pestañas arqueadas), el lenguaje extraño que entre ellos usan, y las películas que proyectaban, a veces a colores, nunca antes vistas.











