Los primeros integrantes del próximo gabinete chiapaneco
Rutilio Escandón Cadenas empieza a conformar su gabinete con personajes vinculados al Tribunal Superior de Justicia, en donde se desempeñó como presidente
Rutilio Escandón Cadenas empieza a conformar su gabinete con personajes vinculados al Tribunal Superior de Justicia, en donde se desempeñó como presidente
En una estrategia que muchos interpretaron como el viejo juego de no aparecerse en ningún foro para no despertar la inquina del actual morador de la Casa de Gobierno, Rutilio Escandón Cadenas se ha mantenido agazapado, con pocas y contadas apariciones públicas.
El maestro Carlos Navarrete Cáceres es un borbotón de anécdotas. Se acuerda de todos los nombres y todos los espacios por donde ha transitado, y como Sabina, dice que no le gusta regresar a los lugares donde ha sido feliz, excepto las cantinas.
Desde su posición de protegido y estrella del espectáculo, Julión (Julio César Álvarez Montelongo) inició una arremetida en contra de diferentes medios, en especial, de Chiapas Paralelo. Si su estrategia es generar escándalo para ocupar minutos en los medios, lo ha conseguido. Sin embargo, también ha dado motivos para esculcar su pasado, en especial su relación con los exgobernadores de triste memoria como lo son César Duarte y Roberto Sandoval Castañeda.
Pablo Salazar Mendiguchía no es de los que ríen. Pablo es de los que se carcajean. Se carcajea de lo que dice, de lo que recuerda, como si otro lo hubiera dicho y le pareciera una genialidad. Zumbón, se carcajea de todo. Su universo es, por supuesto, él mismo. Así somos la mayoría, pero Pablo lo muestra, lo demuestra. No es gratuito, por eso, que le digan el “Soloyó”; rechaza el sobrenombre, obviamente. Dice que ha sido el único gobernador que no permitió que su foto estuviera en las oficinas. “Mi gobierno intentó proscribir el culto a la personalidad. También, […]
Sé que debí haber escrito este texto hace 20 días, sin embargo, creo que para estos acontecimientos no hay temporalidad y que deberían quedar fijos en los calendarios por muchos meses. Pero ya se sabe que ahora los calendarios son caprichosos y volátiles. Estoy seguro que en la época de experimentos y propuestas culturales del Tuxtla de los cincuenta, esta celebración sería todavía parte vital de la conversación. Además, los políticos no acaparaban las pláticas, porque eran más bien ciudadanos sin mayores estridencias.
Llega solo. Maneja su coche. No tiene guaruras ni chofer. Mientras tomamos un café se acercan varias personas a saludarlo. Una señora le dice que extraña los tiempos de su gobierno. “Había orden; había gobierno”, explica. Él solo asiente y se acomoda los lentes. Ríe. Se ve contento, ahora en el “territorio del no poder”. Es el mismo Pablo Salazar Mendiguchía a quien conocí en sus tiempos de candidato al Senado de la República en 1994: dicharachero, ocurrente y vital.
Conocí a Ofelia Hernández Pérez, hoy de 86 años, en el Tuxtla de fines de los setentas, cuando vendía tacos de carne asada y de cochito debajo de una ceiba sobre el Libramiento Sur Oriente. Su esposo Eleazar Gutiérrez Hernández preparaba el carbón y atendía a los clientes.
El gobernador Manuel Velasco apuesta por un final complicado de su administración, el cual le ocasionará mucho desgaste, presiones y dolores de cabeza innecesarios.