La revuelta de los Pollinos
En 1955, se vivió en Chiapas la revuelta llamada de los pollinos, por haber sido encabezada por Artemio Rojas Mandujano, quien en su etapa de boxeador profesional fue conocido como el Pollino.
En 1955, se vivió en Chiapas la revuelta llamada de los pollinos, por haber sido encabezada por Artemio Rojas Mandujano, quien en su etapa de boxeador profesional fue conocido como el Pollino.
Decrecer para crecer. Decrecimiento en positivo. Es decir, decrecer en estrés, en contaminación y enfermedades, en microplásticos, en extinciones y deforestaciones, en horario laboral, así no haría falta dedicar tantas horas a trabajar para consumir, sino aumentar el tiempo de descanso, de ocio y cultura, de cuidados, de estar con amistades y familia.
A veces los recuerdos, las memorias, llegan bajo los más inesperados estímulos.
El Tri pasó la primera ronda, pero por vez primera, el hexagonal se disputó en un solo país: Haití.
A Fátima Soto, autora de Pungarabato (El Nido del Fénix-Escritoras Mexicanas, 2019), un libro que presentamos en la Librería del Fondo de Cultura Económica de la Unach, la conocí en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Fuimos parte de un grupo de chiapanecos que suspiraba por su tierra y que lo encabezaba el organizador de fiestas y comidas con cochito,
Shakespeare. Dice Hamlet a Ofelia: “Si llegas a casarte, te doy como dote esta maldición: aunque seas tan casta como el hielo, tan pura como la nieve, no escaparás a la calumnia”
La mesa ya estaba bellamente decorada, el mantel de fiesta, los tapetes rojos y un ramillete de margaritas amarillas al centro de la mesa.
Centroamérica y Brasil deben articular respuestas coordinadas ante el fenómeno migratorio de una manera humana y eficaz. Además, la región comparte el dolor de una violencia que se cobra más víctimas por homicidios que en ninguna parte del mundo. Y no menos importante, será la política sobre el narcotráfico, en lo que solo se puede avanzar juntos, puesto que ningún país va a salir a flote por sí solo en ese tema
No sabemos la existencia de “topos” en el interior de las fuerzas armadas. No sabemos qué profundo ha sido la introducción y robo de información… Lo que sí sabemos es que esa acción de espionaje ni es de novatos ni de aficionados. Sólo instituciones encargadas del contraespionaje y espionaje estatal tienen la infraestructura para ingresar a una de las instituciones más herméticas, como las militares, en particular la mexicana que poco a poco ha ido mostrándose más pese a sus resistencias.