Escuchando a unos comentaristas en la radio, hablaban de la selección nacional como un dilema deportivo que debería ser resuelto desde muchos puntos vista, pero resaltaban la nula “genética” de nuestro futbol. De todas las críticas posibles, esta era algo serio porque repercutía más allá de las técnicas, habilidades estratégicas y físicas de quienes lo llevan a cabo; más bien en algo profundamente subjetivo, como lo es el de la “identidad futbolera mexicana”, si es que es algo que debiera existir. En algunos casos, le llamamos “escuela”, “tradición”, “estilo propio”.
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