El corazón con zumo de naranja
Pigafetta: Los hombres de Baluan y Calaghan son unos chefs: “Se comen el corazón de sus enemigos, crudo y con zumo de naranja o de limón”.
Pigafetta: Los hombres de Baluan y Calaghan son unos chefs: “Se comen el corazón de sus enemigos, crudo y con zumo de naranja o de limón”.
Ahora que, de-por-vida-suya, no olviden visitar las librerías de viejo de las calles de Donceles, Allende y Tacuba, y las dos mil joyerías de junto al zócalo. Las alhajas y objetos de arte del Nacional Monte de Piedad, las joyas religiosas de detrás de la Catedral.
Los mexicanos pasamos del asombro a la solidaridad inicial y luego la polémica se desató; apareció la xenofobia, el rechazo y claro está, la solidaridad también continuó. Pero en México falta mucha empatía hacia el migrante.
Un detalle interesante era en la compra de la carne de res, los vendedores solían ponerla en trozos de hojas de plátano, el rostro de Betina quedó asombrado. -Sí, hojas de plátano, de las que se utilizan para envolver los tamales-, enfatizó doña Amalia.
Hace algún tiempo toqué en distintas bandas de rock, algunas veces el bajo y otras la batería, siempre la base rítmica. Algunas bandas fueron efímeras apelando a la inmediatez del siempre recurrente “palomazo” o a la coyuntura del evento político o académico en turno; otras veces más seria, con la permanencia de los camaradas que estaban dispuestos a contribuir en un objetivo a mediano plazo.
El sábado 18 de enero busqué en Google alguna nota referida a la partida de este mundo de Agustín Baraibar Constantino, y no la encontré. Esas notas aparecerán en los próximos días, no lo dudo, puesto que desde que lo conocí encontré en él a una persona comprometida con su entorno, preocupada por mejorar el Chiapas en el que nació.
Kipling: “Los monos se sentaban a hablar en las ramas más altas, y la explanada tenía un agujero en el que vivía una cobra, y ésta recibía un cuenco de leche todas las noches, puesto que era sagrada”
Sintió que ese día de invierno era como esos días grises, ávidos de apapachos que acompañan… observó el cielo, unos destellos del sol se asomaban nuevamente, le recordaron que la vida sigue su paso, aún entre días grises y nublados.
Kafka: “No es necesario que salgas de casa. Quédate junto a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera. Pero ni siquiera esperes, quédate completamente quieto y solo. Se te ofrecerá el mundo para el desenmascaramiento, no puede hacer otra cosa, extasiado se retorcerá ante ti”