Die Zeit
El día primero del nuevo año despertó a Gregoria, el sol fue quien le dio los buenos días, sus rayos se reflejaban directamente sobre la ventana de su habitación. Se cubrió el rostro con la cobija, quería quedarse dormitando unos minutos más. Echó un vistazo al reloj, eran las 8,30 horas. Decidió levantarse. Se lavó el rostro con cuidado y esmero, como si fuera un ritual. Se miró al espejo y sonrió. Era una linda manera de iniciar el año, con vida y con entusiasmo.











