El recato de las rubias
Choderlos de Laclos: “¡Ay, Dios! ¿Qué tontos son los hombres de talento!”
Choderlos de Laclos: “¡Ay, Dios! ¿Qué tontos son los hombres de talento!”
Los Juegos Olímpicos apelan a nuestras sensibilidades y subjetividades, a los estados psicosociales y sociopolíticos de rango variado, desde lo personal y familiar, pasando por lo comunitario y ampliándose a nuestro lugar en la globalidad.
Mientras escribo estas líneas, algunos periodistas concentran su interés y expectativas en torno a la consulta que se realiza este domingo 1ero de agosto. Como sabemos, se trata de un ejercicio democrático con el fin de recoger la opinión de la ciudadanía en torno a las probables acciones ilegales hechas por los expresidentes desde Salinas hasta Peña Nieto.
Uno de los símbolos más vigorosos del olimpismo es la idea que el deporte es lo único que puede unir al mundo. Junto al Mundial de Futbol, los Juegos Olímpicos son eventos de carácter planetario. No hay instituciones políticas y económicas que puedan convocar a tantos países y, en este caso, atletas de tan diversa índole y de tan amplio campo de participación.
Por Raciel D. Martínez Gómez/ A través de su historia, el espíritu de los Juegos Olímpicos ha cumplido las funciones imaginarias de un mundo paralelo. En la era moderna, resulta que cada cuatro años los Juegos Olímpicos prospectan qué tan humanos solidarios, empáticos y tolerantes podemos ser en medio de una feroz sociedad alienante todavía absurda en sus negaciones y más irresponsable en sus permisividades.
Por Germán Martínez Aceves/ Cada ciclo olímpico muchos nos reunimos frente a las pantallas para disfrutar las hazañas de mujeres y hombres atletas que mantienen firme el objetivo de romper los límites de la altitud, de la fuerza, de la velocidad.
. Se le vino a la mente que algo así era el equipaje en la vida, lo ideal era llevar solo lo necesario, como había hecho ella esa mañana.
Hay hechos históricos y territorios del mundo que, por distintos motivos y circunstancias, se convierten en los acumuladores de todas las energías positivas o negativas, dependiendo del punto de vista del analista u opinador en turno.
En estos días en que se ha hablado y escrito acerca de Guillermo Bonfil, recordé a otro de mis maestros más estimados: Pedro Armillas. Escuché el nombre de este extraordinario arqueólogo de labios de Carlos Navarrete, mi profesor en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).